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Trastorno narcisista de la personalidad es la etiqueta que más se repite entre politólogos y psicólogos que han analizado su caso, por rasgos como:
Grandiosidad (ponerse al nivel de Marx, Lenin, Mao)
Necesidad de admiración absoluta de sus seguidores
Intolerancia a la crítica o el disenso
Sentido de "misión histórica" única
Rasgos psicopáticos (no necesariamente psicopatía clínica completa) aparecen en análisis como la nota sobre "Artemio" —y que también se ha aplicado a Guzmán—, por:
Frialdad emocional ante el sufrimiento masivo que provocó
Capacidad de racionalizar la violencia en términos abstractos, sin remordimiento aparente
Manipulación instrumental de otros para sus fines
Fanatismo ideológico / pensamiento totalitario, que aunque no es una categoría clínica del DSM, es el marco que muchos historiadores prefieren en lugar de patologizarlo: ven su conducta más como producto de un sistema de creencias cerrado y una estructura de poder vertical, que como una enfermedad mental individual.
La combinación que más se repite en la literatura es narcisismo + rasgos psicopáticos dentro de un marco de fanatismo ideológico, más que un solo diagnóstico "puro". Es importante notar que este tipo de figuras —líderes de movimientos violentos con culto a la personalidad— frecuentemente reciben este mismo perfil combinado en la literatura sobre psicología política (Hitler, Pol Pot, etc. han sido analizados con marcos similares)
Grandiosidad (ponerse al nivel de Marx, Lenin, Mao)
Necesidad de admiración absoluta de sus seguidores
Intolerancia a la crítica o el disenso
Sentido de "misión histórica" única
Rasgos psicopáticos (no necesariamente psicopatía clínica completa) aparecen en análisis como la nota sobre "Artemio" —y que también se ha aplicado a Guzmán—, por:
Frialdad emocional ante el sufrimiento masivo que provocó
Capacidad de racionalizar la violencia en términos abstractos, sin remordimiento aparente
Manipulación instrumental de otros para sus fines
Fanatismo ideológico / pensamiento totalitario, que aunque no es una categoría clínica del DSM, es el marco que muchos historiadores prefieren en lugar de patologizarlo: ven su conducta más como producto de un sistema de creencias cerrado y una estructura de poder vertical, que como una enfermedad mental individual.
La combinación que más se repite en la literatura es narcisismo + rasgos psicopáticos dentro de un marco de fanatismo ideológico, más que un solo diagnóstico "puro". Es importante notar que este tipo de figuras —líderes de movimientos violentos con culto a la personalidad— frecuentemente reciben este mismo perfil combinado en la literatura sobre psicología política (Hitler, Pol Pot, etc. han sido analizados con marcos similares)