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El debate sobre este tema es complejo y está profundamente marcado por la historia reciente del Perú. Para entender por qué se utiliza el término
esterilizaciones forzadas, es necesario separar el diseño oficial de la política en papel de la forma en que se ejecutó en la práctica.
Oficialmente, el
Programa Nacional de Salud Reproductiva y Planificación Familiar (1996-2000) fue impulsado por el gobierno de Alberto Fujimori como una política de salud pública destinada a reducir la pobreza. En el papel, los procedimientos (ligaduras de trompas y vasectomías) se ofrecían, en efecto, como gratuitos y voluntarios.
Sin embargo, se catalogan como
esterilizaciones forzadas porque múltiples investigaciones independientes, reportes de la Defensoría del Pueblo del Perú, comisiones del Congreso, el Ministerio de Salud (en gestiones posteriores) y organismos internacionales de derechos humanos documentaron que
miles de estos procedimientos no fueron realmente voluntarios.
Las investigaciones demostraron que la ejecución del programa vulneró el derecho al consentimiento de las siguientes maneras:
1. Falta de consentimiento informado y barreras de idioma
La gran mayoría de las intervenciones se realizaron en zonas rurales, andinas y amazónicas, dirigidas a poblaciones en situación de pobreza extrema. Muchos de los documentos de autorización estaban redactados en español y requerían una firma escrita. Sin embargo, una gran parte de las mujeres afectadas solo hablaban quechua u otras lenguas originarias, y muchas eran analfabetas (se les hacía poner su huella digital). No se les explicó en su idioma que el procedimiento era irreversible.
2. Coacción, amenazas y engaños
Cientos de testimonios legalmente documentados revelan que muchas mujeres no se sometieron a la operación por voluntad propia. Las tácticas reportadas incluyeron:
- Amenazas: Se les decía a las mujeres que si no se operaban, irían a la cárcel, tendrían que pagar multas al Estado, o que a sus hijos se les negaría el acceso a la salud, educación o programas de asistencia alimentaria.
- Engaños: En muchos casos, las mujeres acudían a la posta médica por vacunas para sus hijos, controles de embarazo o dolores estomacales, y despertaban con las trompas ligadas. También se documentaron casos de esterilizaciones realizadas sin consulta previa justo después de un parto por cesárea.
3. Sistema de cuotas y presión al personal médico
Una de las evidencias más contundentes que desmiente que todo fue un proceso libre es la existencia de "metas numéricas". Documentos internos y testimonios de médicos y enfermeras de la época revelaron que el Ministerio de Salud impuso cuotas mensuales obligatorias de esterilizaciones a los centros de salud o "festivales de salud". El personal médico que no cumplía con estas cuotas enfrentaba amenazas de despido, recortes salariales o traslados a zonas remotas, lo que generó una presión institucional para operar a la mayor cantidad de personas posible, ignorando los protocolos de consentimiento.
Las cifras y el proceso legal
- Durante la vigencia del programa, se realizaron más de 300,000 ligaduras de trompas y más de 20,000 vasectomías.
- Actualmente, el Registro de Víctimas de Esterilizaciones Forzadas (REVIESFO) del Ministerio de Justicia del Perú cuenta con más de 8,000 personas inscritas que han denunciado formalmente haber sido operadas contra su voluntad o sin la información adecuada.
- El caso ha sido procesado por el sistema judicial peruano y la Corte Interamericana de Derechos Humanos, señalando no solo a los operadores médicos, sino a los exministros de Salud y al propio Alberto Fujimori por la autoría mediata de una política de Estado que devino en violaciones a los derechos humanos.
En resumen: aunque el programa se anunció públicamente como una opción voluntaria y gratuita de planificación familiar, la realidad documentada es que el Estado utilizó su poder para presionar, engañar y operar sistemáticamente a miles de personas en situación de vulnerabilidad sin su consentimiento real.