MEMIN
Miembro de Plata
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En conclusión:El rechazo militar al fujimorismo y a la derecha soberanicida proviene de una matriz ideológica que prioriza al Estado-Nación por encima del libre mercado. Para este bloque de militares, la derecha privatizadora y el fujimorismo de los 90 cometieron el peor delito geopolítico: debilitar las capacidades estratégicas del Perú y entregar el patrimonio económico del país a intereses ajenos a la patria.
1. El quiebre de la institucionalidad y la meritocracia
El principal motivo de resentimiento y posterior rechazo de la oficialidad hacia el fujimorismo fue la destrucción de la línea de comando y la meritocracia.
El rechazo más frontal y temprano ocurrió apenas unos meses después del autogolpe del 5 de abril de 1992.
En marzo de 1999, Montesinos obligó a la plana mayor de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional a firmar un documento vergonzoso conocido como el "Acta de Sujeción".
Ya en las postrimerías del régimen, en octubre del año 2000 (tras la difusión de los Vladivideos que demostraron la corrupción del gobierno), el comandante Ollanta Humala Tasso, junto a su hermano Antauro y un pequeño grupo de soldados, se levantó en armas en Locumba (Tacna).
Existen oficiales en retiro de menor perfil mediático pero muy activos en colectivos políticos de izquierda y soberanistas (como partidos de corte socialista o frentes regionales) que denuncian activamente:
1. El quiebre de la institucionalidad y la meritocracia
El principal motivo de resentimiento y posterior rechazo de la oficialidad hacia el fujimorismo fue la destrucción de la línea de comando y la meritocracia.
- El control de Montesinos: A través del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN), Vladimiro Montesinos alteró el cuadro de ascensos y pases a retiro. Ya no ascendían los primeros de sus promociones por mérito militar, sino aquellos que juraban lealtad ciega al régimen.
- El copamiento de Hermoza Ríos: Mantener al general Nicolás Hermoza Ríos durante años como Comandante General del Ejército bloqueó las aspiraciones naturales de ascender de múltiples promociones de oficiales, sembrando un profundo descontento en los mandos medios y superiores que se consideraban "institucionalistas".
El rechazo más frontal y temprano ocurrió apenas unos meses después del autogolpe del 5 de abril de 1992.
- El contragolpe: El 13 de noviembre de 1992, un grupo de oficiales del Ejército liderados por el general Jaime Salinas Sedó organizó una operación militar para deponer a Alberto Fujimori.
- El argumento: Los militares rebeldes no buscaban instalar una junta militar propia, sino restablecer el orden constitucional que Fujimori había quebrado con el autogolpe y devolverle el poder al vicepresidente legítimo. El plan fue delatado y los involucrados fueron encarcelados y torturados, convirtiéndose en el símbolo del rechazo militar ético contra la dictadura cívico-militar.
En marzo de 1999, Montesinos obligó a la plana mayor de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional a firmar un documento vergonzoso conocido como el "Acta de Sujeción".
- ¿Qué exigía? El acta obligaba a los militares a avalar el autogolpe de 1992, respaldar las leyes de amnistía que protegían al Grupo Colina de los crímenes de derechos humanos (como La Cantuta y Barrios Altos) y garantizar impunidad para el régimen.
- La reacción: Aunque las cúpulas firmaron bajo coacción y aplaudieron frente a las cámaras, esto generó una profunda indignación moral en la masa de oficiales subalternos, técnicos y oficiales en retiro. Sentían que Montesinos estaba arrastrando el honor de las instituciones armadas para convertir a los militares en el "brazo armado" de una red de corrupción.
Ya en las postrimerías del régimen, en octubre del año 2000 (tras la difusión de los Vladivideos que demostraron la corrupción del gobierno), el comandante Ollanta Humala Tasso, junto a su hermano Antauro y un pequeño grupo de soldados, se levantó en armas en Locumba (Tacna).
- Si bien el levantamiento tuvo pocos efectivos y no escaló operativamente, su proclama exigía la renuncia inmediata de Fujimori, la captura de Montesinos y la restitución de la dignidad de las Fuerzas Armadas, sirviendo como termómetro de que el descontento en los cuarteles contra el fujimorismo era ya insostenible.
En conclusión:Aunque de cara al público el fujimorismo proyectaba un control total sobre los militares, la verdadera "comarca militar" (el cuerpo profesional y ético del aparato castrense) rechazó al régimen porque este utilizó a las Fuerzas Armadas como un escudo político, destruyó la institucionalidad interna, los involucró en redes de corrupción y manchó el prestigio de los uniformados ante el país al vincularlos con crímenes clandestinos y violaciones a los derechos humanos.
Existen oficiales en retiro de menor perfil mediático pero muy activos en colectivos políticos de izquierda y soberanistas (como partidos de corte socialista o frentes regionales) que denuncian activamente:
- La entrega del Gas de Camisea: Militares vinculados a la ingeniería y la geopolítica que critican los contratos ley de los años 90 (fujimoristas) que permitieron la exportación del gas en lugar de su masificación interna.
- La soberanía marítima y aérea: Sectores de la Marina y la FAP en retiro que se opusieron en su momento a las flexibilizaciones de soberanía aérea (tratados de cielos abiertos) o la entrega de control territorial fronterizo a corporaciones extranjeras en la Amazonía o zonas mineras.
- El malestar por la instrumentalización política: Muchos oficiales actuales resienten que los partidos de derecha y el fujimorismo utilicen la figura de los militares y la lucha contraterrorista como "caballito de batalla" electoral, mientras en la práctica mantienen presupuestos de defensa austeros y sueldos congelados para la tropa.
- Doctrina de Seguridad vs. Intereses Corporativos: En los mandos medios (mayores, comandantes), existe una fuerte conciencia de que la soberanía nacional peligra cuando la derecha desmantela las industrias estratégicas del Estado (como los astilleros del SIMA, las fábricas de FAME o el mantenimiento de la FAP). El ala más profesional de las FF.AA. defiende que un país no es soberano si depende al 100% de la tecnología y las decisiones de transnacionales privadas respaldadas por la derecha.