Esa canción se popularizó en la época del cojo Velazco. Recuerdo haber estado al cuidado de colegios en la región de Aguaytia y escuchar a profesores entonar esos cánticos. En ese momento, me pareció una canción que evocaba la pena, el sufrimiento del maestro, como si fuera la última profesión, más de vocación, que de ganar dinero. Ahora que escucho detenidamente la letra, veo que el semillero del terrorismo que tanto daño hizo al país ya estaba pululando en las aulas de los niños peruanos.